Lobera de Onsella

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Portada Colaboraciones Fernando Sahún Alcaldesas de la II República, parte I


Alcaldesas de la II República, parte I

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Presentación

Tras unos meses sin aparecer en esta ventana, por hallarme ocupado en otros menesteres también muy interesantes, vuelvo con ilusión para continuar, si ustedes me lo permiten, con los comentarios de algunos pasajes de la historia de Lobera de Onsella. En esta ocasión, entre mujeres anda el juego.

Pascual Plano, incansable investigador y divulgador de todo cuanto lleva la denominación de origen Lobera de Onsella, se topó, no hace mucho, con el siguiente titular “Las Alcaldesas de la provincia de Zaragoza, año 1933”. Al detenerse a leer la letra pequeña de aquel novedoso enunciado descubrió, con sorpresa, que entre las diecisiete localidades de nuestra provincia, cuyos ayuntamientos fueron presididos por alcaldesas en tiempos de la Segunda República, figuraba Lobera de Onsella.

Intrigado por el hallazgo, y ansioso por ahondar más en el tema para ver qué había de cierto en todo ello, inició una serie de trámites encaminados a llegar al fondo de la cuestión. El propagador de la noticia aludía a la antigua revista “Crónica nº 173”, como la portadora de tal información. Por consiguiente, de inmediato se acudió a los archivos y hemerotecas más importantes de Zaragoza con la esperanza de localizar alguna colección donde estuviera registrada dicha revista. Se indagó en la Biblioteca Pública de Zaragoza, donde disponen de buenos fondos de este tipo, en el Archivo Histórico Provincial, en el Palacio de Montemuzo y en el Archivo de la Diputación Provincial de Zaragoza, donde existe una remesa de ejemplares de esta revista, perfectamente encuadernada, pero con el inconveniente de que faltan una docena de números, entre ellos el citado 173. Nadie en Zaragoza pudo aportar información sobre este hecho, ni siquiera en la Casa de la Mujer, por no disponer de datos sobre el particular.

Si el titular referente a las “Alcaldesas” había salido a la luz pública, era porque tal información se encontraba en alguna parte. Por ello, una vez rastreados los vericuetos terrenales sin éxito, se encaminó la investigación hacia la red de redes, Internet para los amigos, descubriendo por casualidad que alguien, un marchante de antigüedades, ponía en venta, entre otras muchas mercancías, la revista “Crónica nº 173”, que era precisamente la que contenía todo lo relativo a las Alcaldesas de la República en la provincia de Zaragoza. Puesto Pascual Plano en contacto comercial con el mencionado anticuario, enseguida llegaron a un acuerdo para la adquisición de la publicación, recibiendo a los pocos días el citado ejemplar en muy buen estado de conservación, como puede apreciarse en la imagen que se adjunta.

Revista “Crónica nº 173”, año 1933

Fotografía de las alcaldesas y escrito de Manuel Casanova, 21/02/1933

Por la amenidad con que Manuel Casanova ha escrito su artículo sobre las “Alcaldesas”, creo merece la pena trascribirlo aquí íntegramente para que ustedes puedan leerlo con total claridad. Dice así:

Manolo Andrés, uno de los gobernadores civiles que la República afloró en el campo periodístico, ha nombrado, así, de golpe, nada menos que diecisiete alcaldesas para otros tantos pueblos, pequeños pueblecitos, de la provincia de Zaragoza. La cosa, ciertamente, carece de novedad. Ha sido en Aragón, en esta provincia de Zaragoza, en la villa de Gallur, donde por primera vez durante el nuevo régimen de España ha presidido el Ayuntamiento una mujer. Y, sin duda, la buena actuación de María Domínguez, que hace ya algún tiempo abandonó la Alcaldía, ha inclinado en tal sentido feminista el ánimo de los gobernantes.

Preludio electoral, vísperas de renovación en los Ayuntamientos. Diecisiete alcaldesas. Veamos: De Almochuel, doña Emilia Rodríguez; de Alpartir, doña Concepción Cortadé; de Ardisa, doña Antonia Bosque; de Balconchán, doña Jerónima Sebastián; de Bureta, doña Cecilia Latre; de Clarés de Ribota, doña Josefina Candé; de El Frasno, doña Estrella de las Nieves García; de Gelsa, doña Victoriana Cereza; de Lituénigo, doña Clementina Bilbao; de Lobera de Onsella, doña Adelina Muñoz; de Magallón, doña Isabel Pemán; de Novillas, doña Felipa Elizondo; de Tiermas, doña María Gil; de Torrellas, doña María Blasco, y de Villanueva de Huerva, doña Elvira Antorán.

De estas diecisiete alcaldesas, que van a regir pueblos que oscilan entre los noventa y nueve habitantes—Almochuel— y los tres mil —Magallón—, dieciséis son maestras, y únicamente doña María Gil, nueva alcaldesa de Tiermas, ha sido elegida por su condición de contribuyente más importante.

Detalle: la más joven de todas —veintitrés años— es Isabel Pemán Cardesa, que va a ejercer la Alcaldía de Magallón, el pueblo más nutrido de cuantos ahora corren el albur de ser mandados por una mujer. La de más edad —sesenta y dos años— es María Blasco, nueva alcaldesa de Torrellas, con sus novecientos cincuenta habitantes.

Manolo Andrés, además de otorgarles magistratura de ciudadanía, las ha hecho comparecer en Zaragoza, las ha prevenido e instruido convenientemente, una a una, y luego las ha invitado a comer. ¿Conformes? Conformes. Y ya el lunes, acabado el protocolo cortés, cada cual ha partido para su ínsula.

-¿Con qué propósitos? Ellas nos contestan: Para mantener la paz. Nosotras, muchas de nosotras, no estamos conformes con esta exaltación de la mujer a los cargos públicos.
Creemos que la misión de la mujer dentro de la República es otra muy distinta. Pero nos hacemos cargo. Precisamente por nuestra condición de funcionarias públicas representamos una garantía de imparcialidad. Así se evita que cuando deje de ser alcalde Fulano lo sea Mengano, que es su enemigo natural, pertenezca al partido a que pertenezca, si es que hasta estos pueblos insignificantes es posible que lleguen la esencia y el matiz de los partidos políticos.

Además —nos dicen—, en los pueblos que vamos a dirigir apenas si existen conflictos presumibles. Casi no hay organizaciones. Únicamente en Novillas cuentan los radicales socialistas con un grupo, y con otro, no muy importante, la C.N.T. En Lituénigo hay poquitos socialistas, y en Torrellas, para preocupación ligera de doña María Blasco, un centro de la U.G.T.

Algo más nos inquieta la forma en que debemos distribuir las horas del día. Como casi todas somos maestras, y aparte de la labor de la escuela, damos clases particulares…

Las más jóvenes —Cecilia Latre, Adelina Muñoz, Isabel Pemán, Felipa Elizondo—, solteras, se encaran con sus colegas:

-Vuestros maridos os podrán asesorar. Pero, ¿y a nosotras?

Pero todas se sienten optimistas y confiadas. Y viéndolas salir del despacho del gobernador civil y entrar en el restaurante del Centro Mercantil, en un leve tropel, mejor pudiera pensarse en aspirantes a determinada oposición, o acaso —las hay muy bonitas— en cualquier concurso de belleza en boga.

¡Es que a diecisiete alcaldesas en serie, la verdad, no estábamos acostumbrados!

Hasta aquí la información que nos aporta la revista “Crónica nº 173”, del año 1933. Ahora será preciso ahondar más en el tema para averiguar cuáles fueron las razones políticas que motivaron la designación de diecisiete alcaldesas en la provincia de Zaragoza, en tan corto espacio de tiempo.


Razones legales y políticas

Si ustedes sospechan que el nombramiento de las diecisiete alcaldesas fue un capricho del entonces Gobernador Civil de la provincia de Zaragoza, les diré que están en lo cierto. Efectivamente, fue un capricho del Gobernador, pero un capricho inteligente, con tacto político. Más adelante les comentaré algunos datos de su biografía.

Para encontrar las razones legales que motivaron la actuación de D. Manuel Andrés, Gobernador Civil de Zaragoza en 1933, hay que retroceder a 1907, año en el que se promulgó la llamada Ley Electoral Maura, conocida así por ser éste el Presidente del Consejo de Ministros en aquel momento. Esta Ley tuvo una larga duración, aplicándose en los procesos electorales españoles habidos desde 1907 a 1931.

En ella aparecía un artículo, concretamente el 29, que establecía que un “candidato” podía ser proclamado diputado o concejal sin necesidad de celebrar las votaciones, siempre y cuando se presentara un solo candidato por plaza. Es decir, cuando hubiera tantos candidatos como escaños o concejalías a ocupar.

Según este artículo 29, si en un ayuntamiento había que elegir, por ejemplo, cuatro concejales, y solamente se presentaban cuatro candidatos, era una pérdida de tiempo esperar a las votaciones, ya que de celebrarlas, saldrían elegidos igualmente los cuatro. Por tanto, sin necesidad de esperar más, eran proclamados concejales y pasaban a ocupar, automáticamente, las cuatro plazas vacantes.

Eso es precisamente lo que ocurrió en Lobera de Onsella el día 5 de abril de 1931, fecha en la que se llevó a cabo la presentación de candidaturas para concejales del Ayuntamiento. Como los puestos a cubrir eran siete, y se presentaron solamente siete candidatos, aplicando el artículo 29 de la Ley Electoral vigente, se les otorgó aquel mismo día el nombramiento definitivo de concejales del Ayuntamiento de Lobera de Onsella.

De este modo, el Consistorio quedó constituido por las personas que se indican a continuación, sin necesidad de esperar al día 12 de ese mismo mes, fecha fijada para la celebración de las elecciones municipales en toda España:

Fue elegido Alcalde Pascual Gastón Gil

Presentación de candidaturas y proclamación de concejales. Lobera, 5/04/1931

Al proclamarse la Segunda República el día 14 de ese mismo mes de abril de 1931, sólo nueve días después, los concejales elegidos por el artículo 29, que en toda España se elevaban a 29.804, de un total de 80.472, quedaron deslegitimados, inutilizados políticamente ante el nuevo régimen republicano.

El Gobierno Provisional de la República, a través del Decreto de 8 de mayo de 1931, llevó a cabo algunas modificaciones en la citada Ley Electoral de Maura: se crearon las circunscripciones electorales, quedando Aragón dividido en 4: Zaragoza-capital, Zaragoza-provincia, Huesca y Teruel; se fijó la mayoría de edad en los 23 años; se anuló el controvertido artículo 29, y se estableció, para las mujeres y sacerdotes, la condición de ser “elegibles”, pero no “electores”.

En consecuencia, al suprimirse el artículo 29 cuando no hacía ni tan siquiera un mes que se había proclamado la Segunda República, los ayuntamientos constituidos en base a esa norma, que eran muchos en España, perdieron toda su legitimidad, como se ha dicho. A partir de ese momento, ya fuera por presión popular o por iniciativa propia, muchos cesaron en sus funciones, dejando en muchos casos un vacío de poder en los municipios.

El Gobierno de la República, salido de las urnas el 28 de junio de 1931, propuso la celebración de nuevas elecciones en todos estos ayuntamientos, fijando para ello la fecha del 23 de abril de 1933. Por ley del 20 de diciembre de 1932 fueron cesados todos los concejales elegidos por el artículo 29. Mientras tanto, se hizo necesario aplicar algún sistema administrativo que se hiciera cargo del gobierno de los ayuntamientos afectados. El 30 de diciembre de ese mismo año se crearon las Comisiones Gestoras, que dirigieron los municipios hasta las elecciones del 23 de abril de 1933. Hay que notificar, no obstante, que el Ayuntamiento de Lobera de Onsella, constituido por el citado artículo 29, prolongó su mandato hasta el día 26 de enero de 1933, fecha de la toma de posesión de la Comisión Gestora, cuyo proceder se expondrá más adelante.


La mujer y la Segunda República

Al referirnos al papel desempeñado por la mujer durante la Segunda República, hay que advertir que no fueron “las Alcaldesas de la provincia de Zaragoza” las primeras en dar el salto al campo de la política. Estuvieron precedidas en ese terreno por las diputadas Victoria Kent, Clara Campoamor y Margarita Nelken, que obtuvieron sus escaños en las elecciones celebradas en 1931.

Lejos de mi intención el inmiscuirme de lleno en un tema tan actual, e interesante al mismo tiempo, como es la participación política de la mujer en la Segunda República Española. Para su tratamiento en profundidad, doctores y doctoras tiene la Historia. Voy a limitarme a destacar algunos detalles concretos, sin ánimo de entrar en disquisiciones. La primera cuestión que se me plantea, y supongo que no soy el único, es la siguiente:

- Pregunta: Si la mujer española no formó parte del censo electoral hasta el año 1932, ¿cómo es que en las elecciones del 28 de junio de 1931, un año antes, dos mujeres consiguen su escaño de diputadas en el Parlamento: Victoria Kent, por el Partido Radical Socialista, y Clara Campoamor, por el Partido Radical?

- Respuesta: Querido lector o lectora, como he apuntado más arriba, el Decreto de 8 de mayo de 1931, aprobado por el Gobierno Provisional, establecía, entre otras reformas, que las mujeres y los sacerdotes podían ser “elegidos”, pero no “electores”, es decir, podían ser “candidatos”, pero no “votantes”. Apoyándose en esta norma, que se publicó 51 días antes de los comicios de junio, las mujeres españolas que lo desearon pudieron presentar su candidatura para concurrir a las elecciones del 28 de junio de 1931 y optar, de ese modo, al cargo de diputadas de las Cortes Constituyentes. Tan sólo dos, Victoria Kent y Clara Campoamor, obtuvieron escaño en junio, aunque en las elecciones parciales celebradas en octubre de ese mismo año, Margarita Nelken, del Partido Socialista, ingreso también en las Cortes por la circunscripción de Badajoz.

- Pregunta: Oiga, con la cantidad de mujeres que hay en España con apellidos españoles, y nos encontramos con que de las tres diputadas que acceden al Parlamento en 1931, dos de ellas tienen apellido extranjero. ¿Cuál es la razón?

- Respuesta: ¡Vamos, hombre, no me venga usted ahora con esos tiquismiquis! Lo importante no es el apellido, sino la persona. Ya sabemos que en la vida real no siempre es así. Ocurre a veces que aquellos apellidos que disponen de un buen apoyo psicológico proveniente de la cuenta bancaria o del Registro de la Propiedad son los que acaparan las mejores sonrisas y las inclinaciones de cabeza más pronunciadas, por no hablar de los besamanos. Sin embargo, en el caso que nos ocupa, el que sus apellidos tengan matiz extranjero no quita para que ambas mujeres, Victoria Kent y Margarita Nelken, fueran tan españolas como la que más, puesto que ambas habían nacido en España:

  • Victoria Kent nació en Málaga en 1898, de padres españoles, aunque el apellido Kent pueda tener antecedentes ingleses.
  • Margarita Nelken nació en Madrid en 1894, aunque hija de madre francesa y padre alemán, de ascendencia judía.

De todas formas, si he de serle sincero, ésa fue una de las primeras cosas que me llamó la atención en mis años de estudiante cada vez que había que acometer el tema de la Segunda República. Según podía leerse en los libros de Historia, estas tres mujeres se habían pasado la vida luchando para elevar el papel de la mujer española en todos los campos sociales, cosa que me infundía gran admiración. Pero aún así, no dejaba de hacerme esta pregunta: ¿Y dónde están las María González, las Pilar Gracia, las Carmen Fernández, las Remedios Heredia, etc., etc.?

-Pregunta: ¿Cuál fue la actitud de las tres primeras diputadas españolas, con respecto al voto femenino, durante su permanencia en las Cortes Constituyentes?

-Respuesta: Las tres mujeres llegaron al Parlamento acompañadas de un amplio historial dedicado a la defensa y promoción del voto femenino. Pero todo cambió cuanto, una vez en la Cámara, tuvieron que elegir entre dos opciones: la República o el sufragio femenino. Victoria Kent se mostró partidaria de retrasarlo porque, según decía, la mujer española carecía en aquel momento de la suficiente preparación social y política para votar responsablemente, con lo que podría ponerse en peligro el futuro de la recién restaurada Segunda República. Sin ser tan radical, en parecidos términos se expresaba Margarita Nelken cuando afirmó: “Poner un voto en manos de la mujer es hoy, en España, realizar uno de los mayores anhelos del elemento reaccionario”. Es decir, que ambas diputadas confiaban más bien poco en la mujer española, a la que consideraban incapaz de tomar una decisión y de actuar de forma independiente. Se olvidaban de que gran parte de esas españolas estaban al frente de familias numerosas con seis, ocho, diez hijos, a los que tenían que alimentar y sacar adelante, además de acudir al campo y cuidar de la casa. Díganme ustedes si eso no es capacidad.

Clara Campoamor, por el contrario, fue una tenaz defensora del voto femenino, sin importarle si por el medio había o no conveniencias políticas. No se detuvo hasta conseguir que fuera incluido en el artículo 36 de la Constitución de 1931, que dice así: “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes”. Por tanto, Victoria Kent y Margarita Nelken no eran extranjeras, porque habían nacido en España, pero como tales se comportaron con el resto de las mujeres españolas cuando se opusieron, en contra de sus principios, al sufragio femenino, enfrentándose de lleno a Clara Campoamor, que se mantuvo firme en sus convicciones, incluso en contra de su partido, y poniendo en peligro su propio futuro político, como así fue. El barrio del Actur de Zaragoza se siente orgulloso de contar, entre sus calles, una dedicada a esta gran defensora del papel de la mujer en la sociedad. Azaña, al contemplar el duro enfrentamiento entre Victoria Kent y Clara Campoamor no pudo menos que exclamar: “Dos mujeres solamente en la Cámara y no están de acuerdo”. Y el periódico La Voz, del 2/10/31, se preguntaba: “¿Qué será cuando sean 50?”. Como ven, los malos augurios no siempre se cumplen. Se ha sobrepasado con creces ese fatídico “50”, y todo ha sido para bien.

 

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